Mi historia: Una cesárea humanizada

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El mes de abril es el mes de la concienciación sobre las cesáreas.

El mes de abril es el mes de la concienciación sobre las cesáreas. No puedo dejar que pase el mes sin contar mi historia. He leído muchas historias tristes y desgarradoras, sin embargo, la mía fue todo lo contrario. La experiencia que viví durante mi cesárea fue una muy bonita. Hubo mucho respeto, profesionalismo y tacto.

31530821_10156874684652439_3409443334186336256_nDesde el momento que nos enteramos que íbamos a tener nuestro primer bebe, comenzamos a leer y orientarnos sobre todos los temas. Una amiga me presto el libro “The Official Lamaze Guide, Giving Birth with Confidence” de Judith Lothian & Charlotte DeVries. Todos los días leía una porción y según iba leyendo iba contando a mi esposo para que estuviera igual de informado. Cada vez  me convencía más que la manera como quería dar a luz era a través del parto natural. Me iba empoderando mes tras mes hasta la llegada de nuestro pequeño. Recibí muchísimos consejos de amigas que ya habían dado a luz.

En cada cita prenatal hacía muchas preguntas a mis doctores y ellos con mucha paciencia me las contestaban, también les hablaba acerca de mi Plan de Parto. Desde la primera visita me dejaron saber que de la única manera que ellos le hacían una cesárea a una de sus pacientes era si había alguna razón médica que pusiera en riesgo su vida o la de bebé. Al escuchar esas palabras, sentí mucho alivio porque supe que me estaba atendiendo en el lugar correcto con el equipo médico correcto. En todo momento mis deseos de cómo quería dar a luz fueron respetados.

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Mi sobrina me dibujo esta obra de arte en la pipita.

Por fin llego el día tan esperado por todos. Eydam estaba a unas horas de estar entre nuestros brazos. Recuerdo, eran las 7:00pm cuando rompí fuente. Mi reacción fue una que jamás pensé tendría. Me quede en shock y comencé a reírme. Me fui a la bañera mientras mi esposo hablaba con mi doctor por teléfono. Nos ordenó a subir para el hospital ya que botaba mucha agua con sangre. Rápido montamos todo en el carro y salimos. Tan pronto llegamos al hospital me hicieron un chequeo cervical y aún no había dilatado. Me subieron a cuarto, la enfermera me ayudo a prepararme y comenzó la aventura.

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Ya habian comenzado las contracciones y la enfermera me busco una bola medicinal para que papa no tuviera que ir hasta el carro a buscar la mia.

Ya eran las 10pm y estaba perdiendo demasiado líquido. Unos cuantos minutos más tarde llego mi doctor. Me comenzó a hacer preguntas de todo el proceso y entonces procedió a verificarme con tacto vaginal para ver cuánto había dilatado. Lamentablemente no había dilatado ni 1cm. Me dio tristeza. Él fue muy honesto con nosotros y comenzó a explicarnos que debido a todo el líquido que seguía perdiendo nuestro bebe podía enfermarse dentro de la barriga si no salía a tiempo. Nos explicó todo lo que podía pasar a partir de ese momento, los pro y contra. Tenía 2 opciones, hacerme la cesárea o inducirme el parto para acelerar el proceso. Comencé a llorar porque honestamente no quería ninguna de las 2 opciones. Con lágrimas en los ojos le pedí inducción. El respetó nuestra decisión. Con mucho profesionalismo y tacto nos explicó el proceso de la inducción.

 

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Sentia un alivio indescriptible al sentarme en la bola con cada contraccion.

En todo momento hubo una enfermera con nosotros ayudándonos en todo, fue ella quien me puso las correas para monitorear los latidos de bebé. Entonces llego el momento, el medicamento comenzó a hacer su efecto y comencé a sentir las contracciones cada vez más fuertes y más seguidas. Pude moverme libremente por todo el cuarto, usar la bola medicinal e inclusive darme un bañito de agua caliente con la bola medicinal para pasar las contracciones. En todo momento fui monitoreada por las enfermeras quienes nos trataron con mucho cariño. Fui acompañada por mi esposo, mi mamá y mi hermana. Me sentía tranquila y relajada porque ellos estaban conmigo apoyándome y ayudándome. Ya ellos conocían de rabo a cabo mi plan de parto. Ellos eran mi equipo. Pasaron 4 horas y el doctor regresa para ver cuánto había avanzado. Nuevamente, no había dilatado nada. Me habló de las opciones y le dije que quería la inducción otra vez porque honestamente tenía esperanza de dilatar algo. Comenzamos con el proceso una vez más. Esta vez las contracciones eran más fuertes. Tenía a mi esposo en un lado de la camilla y a mi mama en el otro. ¡Qué mejor apoyo! El doctor y su equipo siempre respetaron mi decisión de parir naturalmente. Fueron unas horas sumamente intensas y dolorosas, pero solo pensaba en mi bebe. Cada vez que me verificaban con tacto vaginal había dilatado un poco más, pero nunca lo suficiente para comenzar el trabajo activo. Así que con mucha paciencia volvimos con las contracciones, mi familia siempre apoyando. Par de horas más tarde entra mi doctor y me verifica nuevamente para ver cuánto había dilatado. Esta vez sentí un alivio enorme porque ya estaba en 7cm. Sentí alegría porque sabía que ya estaba más cerca de lo que pensé para conocer a mi bebé.

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Ya eran las 6am cuando me verificaron para ver cuánto había progresado y gracias a Dios ya había dilatado completamente. El doctor me pidió que aún no pujara. Dicho esto, sale del cuarto y a par de minutos mi cuerpo comenzó a pujar solo. ¡Mi cuerpo literalmente pujaba solo! Les confieso que me asusté mucho. Lo llamamos para decirle que no podía controlar lo que ocurría con lágrimas en los ojos. Entonces el dio la orden de comenzar a pujar ya que mi cuerpo estaba preparado. Comenzamos con el trabajo activo. Estuve pujando desde las 6am hasta las 1:30pm. Me pusieron oxigeno porque ya hasta se me olvidaba respirar, me quedaba sin oxígeno. Ya estaba sumamente agotada. Nuevamente el doctor verifica a ver cuánto había bajado mi niño. Aún estaba muy alto. Seguimos esperando pacientemente. Con cada contracción pujaba con todas mis fuerzas pero no avanzábamos mucho. A eso de las 1:30pm, acabando una de las contracciones, entra mi doctor con todo el equipo de enfermeras y me dan la noticia que con cada contracción los latidos de mi bebé bajaban demasiado. Me comenzó a explicar acerca de los riesgos que corría bebé si no se actuaba rápido. Sin pensarlo dos veces accedí a la cesárea. La salud de mi bebé era mucho más importante. Antes de comenzar con el proceso para la preparación de la cesárea, el doctor quiso intentar una vez más ayudándome a pujar a mi niño a ver si bajaba más porque ya su cabecita se le veía. Se trepo en la camilla y en la próxima contracción empujo hacia abajo con mucha fuerza, se bajó de la camilla y verifico a ver si había ocurrido algún cambio. Lamentablemente estaba igual. Mi bebito no bajaba más.

Comencé a llorar más de lo que ya había estado llorando. Estaba muy asustada porque la realidad es que una cesárea no es una cirugía sencilla. Es una cirugía donde no estamos exentos de las complicaciones y donde el doctor tiene dos vidas en sus manos. Mi esposo fue quien me acompaño durante la cirugía mientras mi mamá esperaba con el resto de mi familia y hermanos de la iglesia en la sala de espera. Entre a sala de operaciones a las 2:00pm, ya a las 2:34pm escuche un llanto, no estaba segura, entonces caí en cuenta, era el llanto de mi hijo. Comencé a llorar y darle gracias a Dios. Mi niño peso 8lbs. con 5 oz y midió 21”. Lo colocaron junto a mí, lo pude oler y escuchar. Ver a papa llorar de emoción mientras contemplaba a su primogénito fue una escena que no olvidare jamás.  Estábamos tan contentos.

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Tomando a mi hijo en brazos por primera vez.

Luego de la cirugía pase a sala de observación donde me atendió una enfermera muy cariñosa. Estuve allí unas horas, la mayor parte del tiempo dormida por los mismos medicamentos. Me pasaron a mi cuarto donde me esperaba toda mi familia. Fue un momento hermoso. Mi niño aún no estaba en el cuarto pero si lo pude ver por foto y fue amor a primera vista. Estaba loca por conocerlo ya. Al rato me trajeron el pequeño. Estaba tan emocionada, tan enamorada. Bueno, todos sentimos lo mismo. Rápido una de las enfermeras se ofreció en ayudarme a pegar a mi bebito al pecho, explicándome cómo hacerlo y orientándome acerca de todos los beneficios de la lactancia. Debido a que aún tenía medicamento en el sistema, me quedaba dormida por lapsos así que mi esposo fue quien aprendió y fue quien me ayudo esas primeras semanas ya que con la herida de la cesárea se me hacía incomodo hacerlo sola.

Estuve unas 24 horas acostada sin poder moverme casi, en observación. No sentía mis piernas completamente. Pero confiaba que todo saldría bien. Durante ese tiempo fue mi esposo quien se encargó de ayudarme en todo lo que necesitaba y de ayudarme cuidando a nuestro bebé. Estaba tan orgullosa de él. Siempre que necesitábamos asistencia, al ser padres primerizos, nos comunicábamos con las enfermeras y siempre llegaban para asistirnos. El trato fue excelentísimo.

Entonces llego el momento de la verdad, era hora de levantarme. Llego el equipo de enfermeras para ayudarme a levantarme de la cama. Gracias a Dios estaba Edith con nosotros. Mi gran amiga y segunda madre como le digo. Comenzó a cantarme la canción de “Despacito”, que para aquel tiempo estaba muy pegada. Entre risas y una que otra quejita pude levantarme y caminar. Sentía mucho dolor pero no me rendía, seguía caminando hasta donde mi cuerpo me lo permitiera. Quería sanar lo antes posible.

Aunque no estaba para nada preparada para una cesárea, tenía mucho miedo y no era parte de mi plan de parto, le doy gracias a Dios porque me toco un equipo de médicos y enfermeras excelentes. Siempre dieron el 100%. En todo momento nos trataron con mucho tacto, respeto y profesionalismo. Para muchas personas la experiencia con sus cesáreas han sido tristes por demás y duele leer las historias. Sin embargo la mía la veo como una bendicion, gracias a ella hoy tenemos a nuestro hijo con nosotros. Gracias al equipo de médicos del Hospital Menonita de Cayey en Cayey, Puerto Rico pudimos tener una cesárea humanizada dentro de todo.

Mi esposo fue mi roca. Con mucha paciencia y amor cuido de nosotros durante todo el proceso del parto y post-parto. Ya nos estamos preparando mentalmente para la próxima cesárea que será dentro de unos meses con la llegada de nuestra segunda bendición. Pidiéndole a Dios que sea el Médico por Excelencia y todo salga bien. Mama saludable y bebe saludable.

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Bendiciones,

Ruth Mary

 

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